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Las mujeres empoderadas suelen ser duras y despiadadas. O, por lo menos, deberían serlo... ¿verdad?

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Hace 20 años, que una empresa fuera dirigida por una mujer era algo extremadamente raro. Las mujeres, si es que lograban escalar, quedaban en el segundo plano, siempre debajo de un hombre. Hoy eso ha cambiado. En la actualidad, según la encuesta anual de Grant Thornton, las mujeres ocupan 25% de los puestos directivos... y todo parece indicar que este porcentaje crecerá año con año. Sin duda, se trata de una victoria para nuestro género. Pero, a la par que aumentan los puestos directivos ocupados por mujeres, surge otra situación que me parece preocupante.

Cada vez más, el estereotipo de las mujeres dóciles, las que se limitan a callar y tomar nota en las juntas, las que son femeninas, dóciles y complacientes, se está rompiendo. Cada vez hay menos mujeres dóciles y complacientes, y más mujeres “empoderadas”. Nada me da más gusto que eso.

Pero sucede que estas mujeres empoderadas, las mujeres que ocupan puestos de liderazgo en las empresas, suelen ser duras, implacables e incluso desconsideradas. Y si no lo son, seguro que más de uno cree que deberían serlo para “darse su lugar”.

¿Será que, para ser respetadas como líderes, debemos actuar con dureza y dejar a un lado nuestras cualidades femeninas?

No podemos culpar a nadie: 86% de los puestos directivos en las empresas son ocupados por hombres. ¿Será que para ser líder y ser respetada debemos actuar como actúan los hombres, como el “sexo fuerte”? ¿Será que debemos adoptar un carácter fuerte (aunque en realidad sea una máscara) y actuar con dureza, sin dejarnos llevar por sentimentalismos?

Después de todo, esa frialdad es la que ha llevado a la cima a mujeres exitosas como Margaret Thatcher (la Dama de Hierro), Hillary Clinton, Marissa Mayer y Anna Wintour, ¿cierto?

Yo me pregunto, ¿qué tan posible es escalar posiciones en una empresa y ganarse el respeto de la gente sin tener que comportarse como una persona despiadada? ¿Acaso una mujer amable, empática, compasiva, amigable y comprensiva está destinada a fracasar como líder?

Yo creo firmemente que no. El liderazgo no se obtiene teniendo un “temple de acero” ni la capacidad de infundir miedo en los demás. Todo lo contrario: considero que las mejores líderes son aquellas que crean un ambiente de trabajo sano y que propician la comunicación.

margaret-thatcher-mujeres-lideres.jpgMargaret Thatcher, "La Dama de Hierro", era conocida por su carácter fuerte.

Las mejores líderes son firmes en cuanto a las decisiones que toman; saben cuándo decir “no”, cuándo callar y escuchar y cuándo alzar la voz aunque los demás la interrumpan.

Pero, sobre todo, las mejores líderes son amables, empáticas y tienen una gran capacidad de escuchar. Son esas personas con las que podrías sentarte a tomar un café y platicar por largas horas del día.

Así que, a mi parecer, las mujeres líderes se enfrentan a dos opciones. Una es tomar el camino fácil, el que la sociedad dice que hará que nos respeten: tomar distancia, ser frías y calculadoras, decir las cosas que pensamos sin temor de lastimar a nadie y hacer “lo que sea necesario” para lograr nuestros objetivos, sin importar si pisoteamos a los demás en el camino.

O podemos ser nuevamente disruptivas, como ya lo fuimos al decidir ser líderes en un mundo dominado por los hombres, e implementar un nuevo modelo de liderazgo que demuestre que podemos ser dirigir y, al mismo tiempo, ser empáticas y amables.

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Tópicos: Maestria en Direccion de Proyectos
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