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Conoce la importancia de presentar el EGEL, así como las ventajas que encuentran los futuros empleadores al contratar a un profesionista que haya realizado este examen.

Y si no hago el EGEL, ¿qué?

Mientras mis manos se pasean sobre el teclado, algunos de ustedes seguramente están escribiendo sus nombres en unas listas que parecen terribles. Cada uno sus trazos los coloca ante un momento definitivo: presentar el EGEL (Exámenes Generales para el Egreso de la Licenciatura) para titularse después de nueve cuatrimestres en la UNITEC. Es posible que algunos de los compañeros que hayan estado a tu lado estuvieran pensando: ¿qué caso tiene?, ¿para qué? y si no lo hago... ¿qué? Puedo entender sus cuestionamientos y, hasta cierto punto, quizá pueda compartirlos: ellos ya pasaron muchas materias, ellos ya asistieron a muchísimas clases de todos colores y sabores en la UNITEC; es más, tienen un promedio que puede ser aceptable para pensar que sí conocen aquello que estudiaron. Así pues, la pregunta ¿qué caso tiene? no es una necedad sin más.

Y si no hago el EGEL, ¿qué?

Hasta aquí todo parece perfecto y el sentido común parecería darle la razón a los dudosos; sin embargo, habría que hacerse un par de preguntas que parecen de muy mal gusto: los que presentan el examen y se quejan ¿de verdad saben? y, por supuesto, ¿es real que ellos pueden incorporarse a la vida laboral sin problemas? A golpe de vista, la respuesta a estos interrogantes serían un par de “sí” y nada más tendría que agregarse. Pero creo que la situación es otra y puede entenderse gracias a dos fenómenos que a todos nos pegan: una ley del mercado y un problema de conocimiento. Permíteme explicar ambos.

Seguramente has oído hablar de las “universidades patito”. No me detengo en ellas, pues su fama y educación son conocidas por todos. Su presencia, sin duda alguna, ha aumentado la oferta de licenciados que tal vez no tienen las cualidades que se requieren en el mundo real. Por esta razón, creo que vale la pena detenernos en un detalle crucial: al final de los cursos, los alumnos de esas instituciones y tú tendrán un mismo documento, una cédula profesional que les permite ejercer —con todas las de la ley— aquello que estudiaron.

Este hecho nos pone enfrente de un problema: si tú fueras un empleador, ¿cómo sabrías cuál de los egresados es mejor? Aún más, si llegaran dos egresados de la misma universidad y tuvieran las mismas calificaciones en su boleta, ¿cómo podrías saber cuál de ellos tiene mayor dominio de su especialidad? La única manera de estar seguro de que uno de esos es mejor es evaluándolo por alguien imparcial —como el Ceneval—(Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior) para que nos diga la verdad sin cortapisas.

El EGEL, en este sentido, es un mecanismo que nos permite saber —con imparcialidad y precisión— cuáles de los egresados saben y, por supuesto, dónde están sus fortalezas y debilidades. Así pues, si tú quieres competir en el mercado del empleo, necesitas algo más que una cédula y un diploma: una certificación que muestre, sin duda alguna, lo que sabes y puedes.

Pero el asunto del EGEL no se reduce a las consecuencias de la ley de la oferta y la demanda. Este examen también nos permite saber si la persona que lo presentó piensa como un digno representante de la profesión que estudió. Me explico: normalmente, todos estudiamos para pasar una materia y no para convertirnos en abogados, diseñadores, administradores o ingenieros. Queremos pasar y sanseacabó. Pasar no es saber y tampoco significa que esa persona piense como un profesional; por esta razón, cuando alguien acredita el EGEL, el egresado puede tener la seguridad de que piensa como un abogado, un diseñador, un administrador o un ingeniero y eso, estarás de acuerdo conmigo, es una garantía para el empleador. Imagina por un momento que yo contrato a un abogado que piensa como comerciante o a un médico que piensa como ingeniero... los resultados son obvios: inexorablemente meterían la pata y crearían un problema mayor del que ya existía.

Y si no hago el EGEL, ¿qué?

Así pues, a la pregunta: y si no lo hago... ¿qué? Sólo puede responderse una cosa: allá, afuera, nadie podrá saber si sabes o no, si piensas como un profesional o tienes otra cosa en la cabeza, si mereces un trabajo o, simplemente, podemos decirte: "No se preocupe, nosotros le llamamos".

¡Ánimo! Ya estás por llegar a la meta. Conoce más acerca de los métodos de titulación que puedes seguir para concluir tus estudios.

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Tópicos: Licenciaturas UNITEC, Licenciatura en Pedagogia
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