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No, no es contar Caperucita Roja a nuestros alumnos de bachillerato o licenciatura. Es involucrarlos en “el viaje de un héroe” donde se haga presente un contexto, una crisis, un cambio y una conclusión, adecuada para cada materia.

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“Carnal, ¿tienes visa vigente para irte a Brasil?”, me pregunta Carlos Iniesta, quien era entonces editor de mi revista favorita. Mi respuesta fue afirmativa.

Si soy honesto, un año atrás desconocía que para viajar al país más grande de Sudamérica se requería dicho documento, y que este no se expedía por décadas, lustros o años, sino por…¡días! El mío decía muy claro “1,826 días”, y cuando Carlos me llamó, sabía que –a ojo de buen cubero– me quedaban unos 1,200.

Carlos y yo nos conocíamos de años atrás: habíamos estudiado en la misma universidad; nuestro primer trabajo fue en la misma empresa; coincidimos en un viaje de prensa a Buenos Aires (allí nos hicimos amigos), y ahora nos volvíamos a encontrar en la misma editorial: él era director editorial de Cine Premiere -la revista dedicada al cine número uno en México, y mi favorita desde la adolescencia– y yo era editor de Alto Nivel, una revista de negocios y también colaborador frecuente del sitio web de Cine Premiere.

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Carlos había agotado sus recursos: de sus editores y redactores habituales, nadie tenía visa vigente a Brasil y era urgente conseguir a una persona para realizar entrevistas con el elenco de Hombres de Negro 3. Sí: podría conocer a Will Smith, Tommy Lee Jones y Josh Brolin (hoy mejor conocido por ser Thanos). 

Sin rivales a la vista, viajé mis respectivas 10 horas a Río de Janeiro, previa escala en Santiago de Chile. Al llegar a donde sería la conferencia de prensa se nos hizo una aclaración: Lee Jones no acudiría porque estaba filmando comerciales (de autos o de comida de gatitos) en Japón. La noticia, más que decepcionar a la prensa internacional, fue un alivio, pues el actor es famoso por hacer llorar –sí, llorar– a quienes hacen preguntas que considera poco interesantes.

A la conferencia de prensa con medios globales y locales (unos 150) siguieron unas mesas redondas de 20 minutos con los actores y algunos periodistas. En ambas estuve presente. Luego llegaría la entrevista individual con Brolin y Smith, a la cual me llamaron por sorpresa, pues los horarios se adelantaron. Afortunadamente, desde días atrás ya había hecho mi cuestionario: 10 preguntas, demasiadas si consideramos que tendría apenas 8 minutos con cada uno, pero ¿qué tal si me daban más tiempo?

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Llegué a mis entrevistas. Primero me tocó pasar con Will Smith. “Nada de fotos, nada de regalos, nada de abrazos”, me dijo su publirrelacionista. Entendido. Inicié mi cuestionario y un enorme reloj digital rojo estaba frente a mí, como cruel verdugo del tiempo. Una, dos, tres, cinco preguntas. Los ocho minutos se cumplieron, me despedí, pero el actor de Soy Leyenda interrumpió. “¡Momento, momento, quiero más preguntas!”

Acto seguido me arranqué con otra tanda de cuestionamientos;12 minutos en total y un efusivo abrazo cerró nuestra charla. De nuevo a la salita de espera para pasar con Josh Brolin. El nominado al Oscar me recibió en su hora del almuerzo: comía un club-sándwich y la versión carioca de las papas Sabritas. Cumplidos los ocho minutos, no solo me otorgó otros cinco más: también me invitó papas y refresco.

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¿Qué aprendimos? 

¿Cuál es la moraleja de esta historia? ¿No desayunar, porque una estrella de Hollywood te puede invitar el almuerzo? En realidad, yo recupero dos aprendizajes. El primero es preparar con tiempo nuestras diligencias, sobre todo cuando nuestro trabajo forma parte de un flujo. Si yo no hubiera tenido listas mis preguntas, me hubiera tocado entrevistarlos en mi horario originalmente asignado, pero la entrevista hubiera durado 480 segundos exactos. El segundo aprendizaje es lo que al norte del Río Bravo llaman “the extra mile”: dar un extra. En este caso, fue haber preparado un cuestionario que excediera los ocho minutos otorgados.

Ahora que lo pienso, tengo un asunto pendiente: renovar mi visa brasileña. El trámite es rápido y barato… y bueno, uno nunca sabe si lo llamarán para entrevistar a una estrella de Hollywood en Sao Paulo, Río o Brasilia.

La historia anterior –verdadera en su totalidad– es un ejemplo con el que inicié una clase sobre géneros periodísticos (la entrevista). A mis alumnos les hablé desde mi experiencia periodística con un nivel de detalle adecuado y gracias a ello se pudieron cubrir varios beneficios del storytelling.

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Beneficios del Storytelling en el aula

¿Y cuáles son esos beneficios que ofrece el storytelling para clases de educación media superior y superior? Lambert (2006) propone 15 de ellos, entre los cuales destacan: 

  • Construye conocimiento en un clima de trabajo relajado y participativo, al facilitar el acceso sencillo al recuerdo. En este caso, mis alumnos fácilmente pudieron ubicar contextos (ciudades, revistas) y personajes (Will Smith, Josh Brolin).
  • Ayuda a transferir las emociones, sensaciones y las experiencias vividas por el narrador (storyteller) a los espectadores o la audiencia. En el ejemplo anterior hay múltiples detalles de la comida, de los minutos exactos, de cómo se forjó una amistad…
  • Fomenta el pensamiento crítico y el aprendizaje reflexivo, al tiempo que inspira y motiva a la audiencia. En este caso, los estudiantes pueden ver que el ejercicio profesional los puede llevar a vivir experiencias únicas, como ¡conocer a Will Smith!
  • Mejora la competencia de la comunicación lingüística y desarrolla la escucha activa y la empatía. El “dar un extra” es algo no exclusivo del periodismo: también en el día a día de las clases se puede ver.
  • Anima el empleo de los recursos TIC y dispositivos multimedia. En este caso, la presentación la podía haber enriquecido con imágenes. O podía haber permitido a mis alumnos que buscaran en sus dispositivos tecnológicos quiénes son los actores, para que todos tuvieran el mismo referente.
  • Eleva la creatividad y la imaginación en los estudiantes. Les hace imaginar ese entorno: ¿Cómo fue el momento de ese abrazo? ¿Estaban ricas esas papas? ¿Cómo fue que me dijeron que continuara con la entrevista?
  • Favorece la atemporalidad del contenido (es información que perdura). Esta entrevista se efectuó en 2012, pero sigue funcionando en la actualidad.

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Para finalizar, quisiera dar seis consejos extra a los docentes de bachillerato o licenciatura que pretendan incorporar el storytelling en sus clases:

  • ¡Dramatiza! Utiliza la modulación de voz.
  • Transmite con el cuerpo: gestos, movimientos, lenguaje corporal.
  • Crea imágenes mentales a través de descripciones, metáforas y comparaciones.
  • Haz contacto visual con cada alumno. Hazles sentir que todos son trascendentes para llevar a cabo esta historia.
  • Al finalizar, fomenta la interacción a través de preguntas.

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FUENTE: Lambert, J. (2006). Digital Storytelling: capturing lives, creating community. Berkeley, CA: Digital Diner Press.

Tópicos: Licenciatura en Pedagogia, Profesores UNITEC
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