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El docente más exitoso será el que no solo sepa enfrentar la adversidad, sino también aprovecharla para fortalecerse y crecer. Aprende cómo ser un profesor resiliente.

Resiliencia_Docente

Con frecuencia, cuando los jóvenes sienten que les estamos imponiendo algo, responden diciendo: “¡Eso no es justo!”. Sus padres o maestros tenemos, entonces, que respirar hondo antes de responder algo así como: “¿Y quién te dijo que la vida era justa?”.

En efecto, en mayor o menor medida, todos vivimos enfrentando adversidades y situaciones que percibimos como injustas. Ante ese hecho inevitable, hay gente que se rinde o explota, pero también algunos que retoman el aliento y vuelven a la carga, a veces incluso con más fuerza que antes.

Es justamente así como puede entenderse esa cualidad llamada resiliencia, de la que se habla mucho ahora y que no resulta fácil de explicar, porque no es exactamente “resistencia”, “robustez” o “fuerza”. Contiene elementos de estas virtudes, pero añade atributos como la flexibilidad y se compendia en la capacidad de sobreponerse y “rebotar” (regresar elásticamente) ante las dificultades que nos presenta la vida.

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Tomando impulso

Según Judith V. Jordan, ser resiliente no significa necesariamente “regresar a un estado previamente existente”, sino que implica “movimiento a través y más allá del estrés o el sufrimiento en dirección de una integración personal y relacional nueva y más completa”.

La misma especialista señala que “la resiliencia no reside en el individuo, sino en la capacidad de conectar con los demás”. Por su parte, Ecclestone y Lewis (2014) consideran que la resiliencia es “uno de los constructos múltiples e interrelacionados que comprenden ‘el bienestar emocional’, que a su vez incluye el optimismo, la alfabetización emocional (especialmente la autoconciencia, la empatía y la regulación emocional), el altruismo, la autoestima y el estoicismo”.

¿Cómo se caracteriza la resiliencia? De acuerdo con la revista Psychology Today, entre los factores que hacen que una persona sea resiliente están las actitudes positivas, el optimismo, la capacidad de modular las emociones y la inteligencia para considerar los fracasos como retroalimentación útil.

La misma publicación señala que el optimismo contribuye a reducir el impacto del estrés, tanto en la mente como en el cuerpo, lo que nos permite hacer análisis más imparciales de las situaciones y buscar alternativas más provechosas para el futuro. Otros especialistas añaden el afecto y la empatía como cualidades que juegan un papel importante en la resiliencia.

Podría pensarse que las personas resilientes nacieron así, pero cada vez más se piensa que la resiliencia es algo que puede adquirirse y cultivarse. Según Psychology Today, “la resiliencia no es una cualidad mágica”, sino el resultado de trabajo mental, especialmente después de enfrentar momentos difíciles. Concluye diciendo que “hay cada vez más indicios de que las personas pueden cultivar los elementos que dan forma a la resiliencia”, opinión con la que concuerdan Christopher Day y Qing Gu, cuando dicen: “Varias investigaciones sugieren que las cualidades resilientes se pueden aprender [o] adquirir mediante factores de protección, tales como […] una fuerte comunidad social de apoyo y unas relaciones entre pares que sean también de apoyo”.

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Profesores resilientes

Como casi todas las profesiones, la docencia está viviendo una época de transición. Además de la evolución acelerada del conocimiento, encontramos cambios que afectan los métodos didácticos e, incluso, el status del profesor dentro de la comunidad.

Day y Gu afirman que es conveniente fomentar y sostener la resiliencia de los profesores como parte de los planes de mejora escolar. “Actualmente, está en cuestión el papel tradicional de los profesores como expertos en conocimiento y, con él, su identidad profesional. Para algunos, es probable que dichos cambios supongan una amenaza para su sentido de la autoestima, su resiliencia y su estabilidad emocional”.

Tradicionalmente, los docentes tienen ciertas características que hay que tomar en cuenta: su carrera es de largo plazo y puede extenderse hasta una edad relativamente avanzada, muestran cierta resistencia al cambio, tienen fuertes lazos afectivos con la actividad que desempeñan y con los alumnos a quienes enseñan. Involucrados en un oficio estresante y que se ha venido complicando a partir del surgimiento de las nuevas tecnologías, los profesores más exitosos resultan ser aquellos que mejor se aclimatan a la nueva realidad, pero también quienes saben sacar partido de los cambios para aprovecharlos en su favor.

De esta manera, Day y Gu afirman que el trabajo del profesor, especialmente en el siglo XXI, “requiere, más que nunca, de elevados niveles de energía intelectual y emocional […] una inversión en lo que Andy Hargreaves y Michael Fullan (2013) han descrito como ‘capital profesional’”. Según estos especialistas, invertir en el capital profesional puede dar como resultado profesores más motivados, autoeficaces, comprometidos y capaces”.

Por su parte, Juan de Dios Uriarte señala que “la actitud optimista y el pensamiento positivo son las claves del éxito profesional del profesor resiliente”, y añade: “El profesor optimista se recupera de las contrariedades, persiste en el logro de los objetivos, percibe las dificultades como retos a superar y no rehúye las tareas difíciles”.

En resumen, parecería que, para mantener la energía intelectual y emocional, así como el compromiso que exige la enseñanza de calidad, hay que ir más allá de conocer ampliamente la materia que se imparte e, incluso, de tener un fuerte sentido del propósito moral de la enseñanza (Day y Gu). Es también necesario tener el temple y el ánimo para enfrentar y aprovechar las adversidades de manera resiliente.

Además, como ya vimos antes, la resiliencia es cultivable y comunicable. ¿Cuántas veces nuestros alumnos viven en situaciones mucho más complejas que las nuestras? El profesor comprometido sabe también imbuir sus relaciones con los alumnos de afecto y optimismo para enseñarles diferentes maneras de crecerse ante (y con) la adversidad. ¿No es cierto?

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Tópicos: Licenciatura en Pedagogia, Maestria en Educacion, ProfesoresUNITEC
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