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¿Por qué se originan actitudes violentas entre los jóvenes universitarios? ¿Cómo pueden padres de familia y profesores prevenir tales situaciones y actuar frente a ellas?

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Recientemente se difundió en noticieros y redes sociales un video que muestra a varios universitarios agrediendo a otros jóvenes que se encontraban descansando en una plaza pública. En el video, tomado con celular, se aprecia cómo el grupo de jóvenes se acerca a otros dos para agredirlos verbalmente, empujarlos, y, posteriormente, aventarlos violentamente contra las sillas y golpearlos una y otra vez en el piso.

A raíz de este clip se ha hecho del conocimiento público que éste no es un hecho aislado, sino que tal tipo de agresiones ha tenido lugar con cierta frecuencia en el sur de la Ciudad de México. Se dice que los ataques son perpetrados por grupos de jóvenes de clase media alta que se hacen llamar Los Centinelas, y que golpean sin motivo aparente a jóvenes que se encuentren distraídos. Las denuncias de los padres de familia han dejado claro que hay otros grupos de agresores que operan del mismo modo.

¿Por qué se originan estas actitudes violentas entre los jóvenes universitarios? ¿Qué podría explicar en términos psicológicos tales arranques de violencia? ¿Cómo podrían los padres de familia y profesores de universidades percatarse de estas situaciones y cómo deberían actuar ante ellas?

Platicamos del tema con Deyanira Semadeni Rosete, Maestra en Psicología y Educación y actual Gerente de Vinculación y Valor en la UNITEC.

Detrás de los arranques de violencia

¿De dónde provienen los arranques de violencia? “Estas actitudes son en gran parte consecuencia de una estructura social que se está desgajando y que cada vez normaliza más la violencia. Los medios de comunicación, los videojuegos y el mismo entorno son cada vez más violentos, y al vivir inmersos en este contexto agresivo, a los jóvenes les resulta cada vez más familiar”.

Asimismo, de acuerdo con Deyanira, esto puede relacionarse directamente con una carencia afectiva. “Es probable que no exista una presencia constante de los padres. En estos chicos puede ser que se fomenten los antivalores, el valor de poseer y la presión del estatus económico frente a otros valores, como la afectividad. Estos jóvenes relacionan dicho valor de poseer objetos con el deseo de poseer a otros; sufren de lo que se conoce en psicología como disociación social, es decir, la pérdida de límites. Creen que al tener capacidad de poseer muchos objetos, pueden hacer lo mismo con las personas”.

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En este sentido, el papel de los padres es fundamental. La ausencia es una actitud que fomenta este tipo de conductas, pues hace falta un eje rector. “Todos los jóvenes tienen necesidad de afecto. Si esta necesidad no se ve cubierta de forma asertiva, posiblemente se buscará cubrirla con una necesidad de poder”, explica.

En cuanto a los profesores, resulta crítico la forma en que manejan situaciones críticas en el salón de clases, como bullying u otras situaciones violentas, así como la forma en que establecen límites.

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Algunas señales de alerta

¿Cómo podrían padres y profesores detectar los focos rojos en sus hijos y alumnos? Aquí algunas señales de alerta de acuerdo con la experta.

  • Hábitos de consumo. Conductas muy sencillas podrían delatar actitudes violentas latentes. Por ejemplo, el consumo excesivo de alcohol y cigarro.
  • Actitud ante los límites. ¿Cómo reaccionan los jóvenes ante los límites impuestos por padres o maestros o, en general, por su contexto? “El que un chico no respete los horarios de llegada, sea insolente con sus padres o maestros y pase por alto las reglas es una señal de alerta”, explica Semadeni.
  • Exigencia de bienes materiales. Algunos padres tienden a compensar su ausencia con bienes materiales. Esto puede empujar a que los hijos se vuelvan demandantes en este aspecto, y que hagan berrinches para exigir cada vez más bienes que den status, como celulares o autos.

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La fijación de límites por parte de profesores y padres juega un papel clave en las actitudes de los jóvenes.

  • Actitud histriónica. Actitudes que responden a la necesidad de recibir atención, de ser vistos. Los jóvenes problemáticos suelen ser personas muy extrovertidas, lo cual va de la mano con la carencia de afecto. Pueden comenzar sus agresiones con bromas a compañeros.
  • Trato hacia animales. Este perfil de personas puede maltratar animales, desde algo sencillo como patearlos hasta acciones más violentas. Dichas actitudes son una forma de descargar emociones. “Éste es un perfil sociópata”, explica Deyanira. “Todo lo que consideran inferior a ellos, como animales o personas que viven en la calle, creen que lo pueden poseer y tratar como deseen”.

¿Cómo actuar ante estos focos rojos?

Una vez que se han detectado estas actitudes en los jóvenes, ¿cómo se puede actuar ante ellas? De acuerdo con la experta, es importante que todos los miembros de la familia acudan a terapia sistémica. “Éste es un síntoma de una familia disfuncional, una familia carente de afecto y vínculos. Por esta razón, la familia entera debería recibir tratamiento”. Asimismo, los padres deberán ser responsables de reestructurar los límites de la familia, de “reeducar”. Quizá sea necesario quitar algunos privilegios. “El objetivo deberá ser restaurar la sensibilidad de los jóvenes, su capacidad de sentir empatía”, detalla.

"Es fundamental que las instituciones educativas generen programas psicopedagógicos e intervengan oportunamente al detectar actitudes de riesgo".

Por supuesto, aunque es importante saber actuar ante estas señales de alerta, la clave está en la prevención. ¿Cómo evitar que se susciten estos incidentes y que nuestros hijos y alumnos participen en ellos?

“Es fundamental tanto para padres como para profesores establecer límites claros e infundir una cultura de respeto, así como actuar con firmeza ante quienes no respeten los límites”.

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Asimismo, los padres deben cuidar la exposición de los adolescentes y jóvenes a los medios de comunicación y a videojuegos que normalizan la violencia.

Los directivos y coordinadores académicos en las escuelas también juegan un papel fundamental en la prevención de conductas violentas. “Es fundamental que las instituciones educativas generen programas psicopedagógicos, y que además, intervengan de manera oportuna cuando detecten problemas o actitudes de riesgo”, concluye.

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Tópicos: Padres de Familia, Profesores UNITEC
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