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Los profesores tienen una gran responsabilidad en el desarrollo de las habilidades sociemocionales de los alumnos, mismas que determinan gran parte de su personalidad 

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Las habilidades socioemocionales (HSE), lo que los psicólogos llaman rasgos de la personalidad y los economistas definen como habilidades no cognitivas, comprenden lo que comúnmente conocemos como carácter.

La investigación internacional muestra tres grupos de habilidades necesarias para los jóvenes.

Están, desde luego, las habilidades cognitivas que ayudan a comprender hechos e ideas complejas, como lectura, matemáticas y resolución de problemas. Siguen las técnicas, asociadas con la producción de bienes o servicios.

Y en un sitio “intermedio” se ubican los comportamientos, actitudes y rasgos de personalidad como la persistencia, el autocontrol, la curiosidad, la conciencia, la determinación y la confianza en sí mismo. Estas habilidades socioemocionales permiten:

  • Entender y regular las emociones
  • Sentir y mostrar empatía por los demás
  • Establecer y desarrollar relaciones positivas
  • Tomar decisiones responsables
  • Definir y alcanzar metas personales

¿Dónde se adquieren esos rasgos de personalidad?  Algunos dirán que se nace con ellos, que se construyen “a lo largo de la vida”, que son heredados. Lo importante es señalar que también pueden cultivarse en las aulas: los estudios indican que están determinados por el reforzamiento social (positivo o negativo) y que es fundamental abordarlas a edades tempranas porque:

  • Mejoran el desempeño académico
  • Generan un clima escolar positivo
  • Propician trayectorias laborales exitosas
  • Previenen situaciones de riesgo en los jóvenes como: embarazo adolescente, abandono escolar, adicciones y violencia

El Programa ConstruyeT de la SEP organiza las seis HSE en tres dimensiones:

  • Una primera que promueve el conocimiento y la confianza en sí mismo, así como la capacidad para regularse
  • Otra que apoya el establecimiento de relaciones constructivas con otras personas y con la sociedad
  • Y la tercera, que favorece tanto la toma de decisiones
    de manera reflexiva y responsable en distintos ámbitos
    de la vida, como la capacidad de perseverar para lograr sus metas

 

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La edad de la “punzada”

Durante la educación media superior, los estudiantes atraviesan por cambios físicos que afectan su desarrollo emocional y social. Están propensos a desarrollar conductas de riesgo y toman decisiones trascendentes para su vida sin contar con las herramientas adecuadas. El desarrollo de las habilidades socioemocionales desde los primeros años de vida puede ayudarlos a elegir mejor sobre su futuro. 

El maestro Alberto Albarrán, con más de una década de experiencia como docente de la licenciatura de Psicología en UNITEC, nos ayuda a explicar seis de estas habilidades y comparte consejos para fomentarlas en clase.

Autoconciencia

Darme cuenta de lo que estoy sintiendo, de qué me ha hecho sentir así y qué información me provoca esa emoción.

Nombrar la emoción que experimento implica un trabajo de observación para distinguirla y descubrir que lo que siento no es todo lo que soy. Entonces puedo aprender a gestionarlas. “Tener autoconciencia de qué aspectos puedo manejar y cuáles no –puntualiza el maestro Albarrán–, me permite saber dónde tengo ventajas y dónde limitantes”.  

Autorregulación

Modular mi forma de responder a las emociones.

Es un proceso complejo que implica conocer el estado emocional (autoconciencia) para ajustar mi conducta y desarrollar respuestas emocionales reguladas, socialmente tolerables y flexibles. Es una herramienta fundamental para evitar “hacer dramas” en los sitios menos indicados y a la menor provocación. Para el docente de la UNITEC esta habilidad tiene, además, otras implicaciones. “Conocer las bases biológicas del comportamiento, permite entender el funcionamiento del cerebro, valorar las repercusiones de la alimentación en la infancia, por ejemplo, así como el efecto de los hábitos saludables y nocivos en el desarrollo”, asegura el catedrático.

Autodeterminación

Tener un papel activo en lo que sucede en mi vida.

En el caso de enfrentar una enfermedad, por ejemplo, esta habilidad implica dejar de “soportar” con resignación los síntomas para, por el contrario, involucrarse en todo lo que ayude a mejorar la situación. Abandonar el papel secundario y tomar el protagónico. Por supuesto que esto demanda una personalidad afirmada y una batería de buenos hábitos. “Nos corresponde enseñar a los alumnos hábitos y técnicas de estudio que los ayuden a mejorar”, sugiere. “Suele decirse: ‘échale ganas al estudio’ sin enseñar cómo hacerlo. Esa frase es inaceptable. Para orientar a otro es necesario probar la técnica en uno mismo”.

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Conciencia social

Capacidad para percibir cómo están los integrantes de mi comunidad.

Significa ser capaz de entender cómo el entorno favorece o perjudica el desarrollo de las personas y de colaborar a través de distintos mecanismos sociales. El maestro Albarrán considera que esta habilidad va más allá de los conceptos que definen el término, por eso invita a “crear conciencia social a través de nuestro trabajo con los alumnos, para brindar un verdadero servicio a la sociedad”.

Relaciones con los demás

Establecer vínculos constructivos y de colaboración con otras personas.

Vivimos en grupos sociales (familia, escuela, comunidad) y requerimos relaciones sociales saludables. La timidez o la agresividad pueden favorecer el aislamiento, el sometimiento o el dominio. “Me ha pasado que cuando les pido a mis alumnos un trabajo en equipo me preguntan si pueden hacerlo solos. Les explico que, prácticamente en todas las carreras, su materia prima de trabajo serán las personas y tendrán que vencer esa dificultad para relacionarse con ellas”.

Toma responsable de decisiones

Elegir entre diversas opciones o formas posibles para resolver distintas situaciones en la vida.

Implica descubrir la amenaza, real o imaginaria, probable o no. Hacer un plan para enfrentarla, lo cual implica analizar la situación para detectar los elementos importantes y descartar los que no lo son. Elaborar modelos de acción y evaluar el mejor. “Esta habilidad –explica el docente de UNITEC– permite a los jóvenes identificar su orientación vocacional para elegir su carrera más informados y conscientes de la decisión que están tomando”.

Estas son algunas de las habilidades socioemocionales que son fundamentales para los adolescentes y que los profesores pueden ayudar a desarrollar, gracias a su constante interacción e importancia en la vida de los estudiantes. ¡A ponerlas en práctica!

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Tópicos: UNITEC
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